
In Vino Veritas
Treinta y tres siglos de símbolos caben en un cáliz.
In vino veritas se despliega como una revelación progresiva: trece obras que dialogan como imágenes congeladas, donde el tiempo no avanza, sino que se materializa. Doce apóstoles y una presencia central. Comunidad y origen. Testigos y carne.
El Santo Grial ya no es un objeto: es un cuerpo, un útero que genera sangre. La sacralidad del cáliz se traslada al útero femenino, un espacio alquímico donde lo divino se humaniza. El vino deja de ser metáfora y regresa a su origen: la sangre como linaje, herencia, verdad encarnada.
Cada obra presenta dos constantes: un útero sugerido, contenido en ropa interior femenina, y una copa de vino, metálica y ritualística. Ambas dialogan en silencio.
La serie comienza con la copa casi vacía. Con cada imagen, el vino sube: no se derrama, aparece, como la sangre menstrual, como la gestación, como un secreto hecho visible.
La ropa interior marca el límite entre lo íntimo y lo sagrado, y el cuerpo femenino se convierte en la arquitectura del mito.
En la decimotercera obra, la narrativa alcanza su clímax: la copa rebosa, la verdad —veritas— se revela sin complejos. La ropa interior sube hasta el ombligo. Copa y útero coinciden. Cristo ya no es una figura crucificada, sino sangre transmitida, linaje, continuidad. El sacrificio se redefine: no muerte, sino permanencia.
In vino veritas devuelve el mito a su origen corpóreo: antes del dogma, era sangre; antes del símbolo, era útero. Y quizá la verdad siempre ha estado ahí, esperando ser vista sin temor.
Esta serie completa de dípticos de óleo sobre lienzo de Cristina Guerrero está totalmente vendida.













